Categoría: Trabajo

  • Ancianos felices y jóvenes frustrados. La paradoja de la generación Y

    Ancianos felices y jóvenes frustrados. La paradoja de la generación Y

    Seguramente la mayoría de nosotros ya ha visto del video viral sobre los millennials y las particularidades de esta generación de jóvenes que tanto llaman nuestra atención. Si no lo viste el vídeo o crees que es exagerado, ¡Mirá!

    Estudios recientes demostraron que la gente mayor tiene mayores niveles de bienestar subjetivos que los jóvenes de esta generación ¿Por qué será esto? La respuesta es bastante compleja y controversial, pero según la investigación llevada a cabo por la Universidad de San Diego sobre 1546 personas entre 21 y 100 años, los ancianos (a pesar de los dolores propios de la edad y las dificultades vinculadas con el paso del tiempo) son más felices que los jóvenes y tienen una salud mental superior.

    ¿Cuáles son las causas de este tipo de resultados tan paradójicos? Lo primero que se menciona en el estudio es la presión del éxito. Concepto interesante para pensar, ¿verdad? Según el análisis de estos profesionales, los jóvenes no solo cargan con la presión de sus propios logros, sino también con la dificultad extra de ver triunfos ajenos. Ansiedad, depresión, estrés, son solo algunas de los trastornos que sufren estos jóvenes y que, por el contrario, poco se han encontrado en los ancianos.

    La sensación de desaprovechar las oportunidades, la paradójica carrera contra la sensación de tiempo infinito y el apuro con conseguirlo todo “ya”, son algunos de los motivos por los cuales esta generación de jóvenes millennials muestran bajos niveles de bienestar subjetivo. La idea frustrada de poderlo todo, confrontada con una realidad de pocas alternativas, la poca demanda a la gran oferta de profesionales, la inestabilidad de las relaciones, la falta de habilidades sociales, todo este combo de situaciones han puesto en jaque a una generación completa que sufre su día a día como uno esperaría que lo sufriera un anciano agobiado de los achaques que le ha producido el paso del tiempo.

    Tenemos que preparar mejor a los jóvenes para esta era de dificultades, para sortear los obstáculos que la vida inevitablemente va a ponerles. Nuestros ancianos ya han sobrevivo a guerras, hambre, sequías, crisis económicas y aun así, muchos de ellos, mantienen su alegría. Debemos aprender un poco de ellos y formar a nuestros jóvenes en aptitudes vinculadas menos con el éxito y la gloria y más con la resiliencia y tolerancia a la frustración.

    Aquí el video del que todo el mundo habla

  • ¿Casados? ¿Con o sin hijos?

    ¿Casados? ¿Con o sin hijos?

    Fin de las certezas familiares. Nuevos paradigmas y decisiones.

    Tradicionalmente consideramos que la familia promedio estaba compuesta por la pareja heterosexual de conyugues (casados) y sus hijos. Icónicamente, dos hijos, un niño y una niña casi en ese orden. Con el crecimiento de la población, el aumento de la expectativa de vida, el terreno ganado por las minorías y los nuevos valores de nuestra sociedad, esa institución incorruptible que era la familia ha tomado muchas formas distintas.

    El matrimonio igualitario, la adopción, la fertilización in-vitro, entre otros, son solo alguno de los hitos que han marcado nuestra era y que han puesto de manifiesto la necesidad de reformular la entidad FAMILIA desde una perspectiva, al menos, más flexible.

    Más allá de todos los cambios nombrados recién, existe en los nuevos jóvenes una sensación de infinitud que no tuvieron nuestros abuelos. Casarse a los veintitantos ya no es una opción para la mayoría de los miembros de esta generación, mucho menos tener hijos. Hoy en día las parejas que deciden emprender el complejo camino de la paternidad, lo hacen pasados los 30 o cuando consideran que poseen la situación económica y laboral adecuada.

    Según estudios, los nacimientos han caído en picada. Según el último estudio de UNICEF todos los pertenecientes han bajado sus niveles de natalidad en comparación a los últimos 20 años. Aquí parte de la tabla.

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    Tabla completa en https://www.unicef.org/spanish/publications/files/UNICEF_SOWC_2016_Spanish.pdf

    Aunque aún existe en la mayoría de las personas el anhelo de tener un hijo, son cada vez más las parejas que deciden no tenerlos. Estás últimas sufren del rechazo y la desaprobación de una sociedad que aún considera que los hijos deben dar nietos a sus padres. Es que aún en estos años que corren, la mayoría de los padres anhelan tener las mesas largas y concurridas que ellos mismos experimentaron en su niñez, repleta de nietos, esposos e hijos.

    Diversos estudios sostienen que, en promedio, las personas casadas son más felices que las divorciadas, las separadas o las solteras. Ahora bien, las menos felices son las que están atrapadas en un matrimonio con un alto nivel de conflictividad. No podemos decir que existe evidencia concluyente que muestre que la correlación entre la situación matrimonial y la felicidad es unidireccional o recíproca, aunque aparezcan claramente vinculadas.

    Esta relación entre estado civil y felicidad se encontró en estudios realizados en cuarenta países distribuidos por todo el mundo, independientemente del índice de divorcios o de los efectos de vivir en una cultura individualista.

    Del mismo modo, algunos resultados indican que los incrementos en los niveles de felicidad reportados unos dos años después de contraer matrimonio regresan con el tiempo al valor de referencia inicial, estimado unos dos años antes del casamiento.

    ¿Qué pasa con los hijos? Según diversos estudios, no parece haber una fuerte correlación entre tener o no hijos, ni entre la cantidad de hijos que se tuvieron y el bienestar emocional. Normalmente el foco esta puesto en el deseo o la expectativa personal con respecto a la maternidad o paternidad que en tener o no hijos. La sociedad ejerce una fuerte presión en este sentido, y entornos más relajados suelen proporcionarles bienestar a quienes han elegido no ser padres.

    Tal y como venimos diciendo en las otras entradas, es importante poner el foco en el nuestro bienestar. Conversar con nuestra pareja sobre cómo pensarse en el futuro y ponerse de acuerdo sobre sus deseos y necesidades puede ayudar a que juntos resuelvan lo que sea mejor para ambos. Es importante que cada pareja piense por sí misma y no por las cargas que otros pongan sobre ellos.

  • ¡Alerta holgazanes!

    ¡Alerta holgazanes!

    ¿Qué dicen las investigaciones? ¿Menos horas en el trabajo, mejor rendimiento?

    Recientes  estudios sostienen que menor cantidad de horas de trabajo permite una mayor productividad. ¿Será cierto? ¿Aplica a cualquier actividad?

    La mayoría de nosotros sufrimos el régimen histórico de 40hs semanales de trabajo. Sea el rubro que sea, casi el total de los trabajadores llevan a cabo jornadas laborales que no bajan de las 8hs diarias. El agotamiento, el aburrimiento y otras cuestiones vinculadas a la rutina hacen que muchas personas no disfruten del todo su trabajo y no rindan al máximo.

    No es raro escuchar a un amigo o conocido quejarse sobre sus jefes, lo rutinario de su tarea, el mal ambiente, el salario, entre otros. A veces, repetir todo el tiempo la misma actividad, cruzar siempre a las mismas personas y lidiar con las dificultades propias del día a día puede ser agotador e influir negativamente en nuestro bienestar.

    Muchos estudios han analizado el impacto del trabajo en la vida de las personas y se comprobó que esta actividad implica múltiples aristas. Brinda al sujeto la idea de utilidad y de sentido, ordena y organiza la estructura del día, brinda la posibilidad de acceder a distintos bienes a través del salario, entre otros. Ahora bien, así como existen todas estas posibilidades, también se ha descubierto que cuando una persona no se siente a gusto en su lugar de trabajo, éste puede convertirse en un infierno e influir directamente en la forma en que vive.

    Los suecos han invertido mucho tiempo y dinero a investigar cuestiones vinculadas al bienestar y en particular, en relación al trabajo. Sus últimas investigaciones han determinado que jornadas laborales más cortas (30hs semanales) permiten que las personas no se cansen tanto, que tengan más tiempo libre (y por lo tanto mantengan un mejor humor) y aumenten la productividad. Estas jornadas reducidas comenzaron a implementarse en algunas compañías suecas dando muy buenos resultados iniciales. Obviamente, muchas empresas grandes se han resistido a este tipo de intervención argumentando las dificultades económicas que implica (habría que contratar más empleados, se pierde competitividad, entre otros) y han mantenido sus jornadas tradicionales. De hecho, la mayoría de las compañías aún la mantienen.

    De todos modos, el gobierno suizo no ha dado el brazo a torcer y muchos pequeños emprendimientos y negocios han implementado esta medida con muy buenos resultados. Los temores de tener que contratar más personal, desaparecieron frente a la productividad de los empleados y la eficiencia lograda en la jornada de 6hs. Una de las empresas icónicas para esta intervención pertenece a una mujer llamada Maria Brath y tiene 20 empleados. Desde que implemento la jornada reducida, la productividad aumentó de tal manera que sus ingresos se duplicaron en un año. Redujo el absentismo y logró generar un ambiente de trabajo mucho más ameno y amigable, ya que los empleados trabajan de mejor humor y concentrados en sus tareas. No hay mucho tiempo para discutir, con tanto para hacer y tan poco tiempo.

    En contraposición con esta experiencia, se publicó en un artículo de la BBC un testimonio de una empresaria que llevó a cabo dicha modificación con pésimos resultados. Kenny Kline, de MedPreps, recortó la jornada laboral de 20 empleados de tiempo completo. Todos ellos se dedicaban a idear preguntas para exámenes médicos. El acuerdo implicaba la conservación del salario aunque la jornada fuese reducida. El experimento de cuatro meses fue un fracaso.

    «La cultura de la empresa cambió para peor cuando le dimos a los empleados sólo seis horas al día para idear preguntas de examen en lugar de las ocho horas», señala Kline, cofundador de la compañía con sede en San Louis, Missouri, que vende materiales para la preparación de exámenes médicos en Estados Unidos.

    «Definitivamente, la gente trabajaba más duro y obteníamos más de los trabajadores», dice Kline. «Pero no interactuaban entre ellos. Y estaban mucho menos contentos en el trabajo«.

    Sin mucho tiempo para el almuerzo u otros descansos, los buenos vínculos que alguna vez disfrutó su personal alcanzaron un punto muerto. Es más, afirma Kline, al final del día los empleados quedaban demasiado agotados mentalmente.

    «La gente se sentía mucho más agotada trabajando seis horas diarias, por la intensidad del trabajo», explica.

    La realidad es que aún falta mucho para poder determinar si este tipo de jornadas sirven para poder aumentar el bienestar de los empleados y con él su productividad. Tampoco conocemos si este tipo de intervenciones son aplicables a todos los rubros y trabajos o si en realidad responden a una actividad específica como puede ser la creatividad. Lo que si sabemos desde hace muchos años es que bienestar y productividad están íntimamente relacionadas. Un empleado feliz, es un empleado con mayor entusiasmo, energía y eficiencia.