Categoría: Habilidades interpersonales

  • ¿Qué pasa cuando dejamos de ejercitarnos?

    ¿Qué pasa cuando dejamos de ejercitarnos?

    Si estás leyendo este artículo probablemente en algún momento arrancaste con la actividad física pero por alguna razón dejaste de hacerlo, o lo intentaste en el pasado y te paso lo que le pasa al 50% de las personas: abandonaste antes de los 6 meses. Si perteneces a este 50% reducís a un 20% la probabilidad de arrancar de nuevo durante ese mismo año.

    Una estadística bastante contundente

    Varios estudios indican que abandonamos el ejercicio físico en función de la experiencia que tenemos mientras lo practicamos. La intensidad es la clave para comprender este fenómeno. Las investigaciones muestran que cuando empezamos a ejercitar tenemos altas expectativas respecto a lo que queremos lograr, con lo cual tendemos a hacer sobre esfuerzos y manejar una intensidad fuera de nuestras capacidades físicas. Esto va acompañado de pensamientos negativos, incomodidad y miedo, aumentando las lesiones, el estrés y consecuentemente el abandono. Si bien, esto es más frecuente en principiantes, también se puede ver en deportistas experimentados, sobre todo en aquellos que en el pasado habían logrado un excelente estado físico.

    ¿Qué le pasa a mi cuerpo cuando dejo de entrenar?

    Cuando dejas de ejercitarte se empieza a dar el fenómeno de “desentrenamiento”. Sus efectos van a depender de tu edad, tu estado físico, de cuánto tiempo llevas ejercitando, y también del tipo de ejercicio y del nivel que alcanzaste.

    Existen cientos de estudios sobre los cambios fisiológicos que ocurren. Lo primero que se registra es un cambio en la actividad cardiovascular: tu corazón bombea la sangre de modo más ineficiente, tus músculos pierden capacidad de procesar oxígeno, y tu cuerpo la habilidad de usar los carbohidratos como combustible. Todo esto empieza a ocurrir entre la primera y segunda semana de inactividad.

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    La flexibilidad y la fuerza se ven afectadas a los 3 días de inactividad: los músculos van perdiendo su capacidad de absorber proteínas. A las 3 semanas se registra un cambio en el nivel de masa muscular que habías ganado.

    La verdad es que en total perdés el 40 % de tu estado físico. Tranquilos, la buena noticia es que sigue siendo mejor respecto a alguien que nunca hizo ejercicio.

    ¿Qué te pasa en la cabeza cuando pasas a la inactividad física?

    Culturalmente pensamos más en nuestro cuerpo y menos en nuestra mente. Es interesante revisar qué nos pasa a nivel psicológico cuando dejamos de ejercitar, ya que si lo entendemos tendremos muchas más posibilidades de retomar la actividad aplicando estrategias efectivas.

    Todos inicialmente nos ponemos evitativos. No queremos hablar ni pensar en el tema, si la conversación surge posiblemente la esquivemos, y si tu cabeza insiste en traer esas ideas posiblemente busques rápidamente otra actividad para distraerte y poner la energía.

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    Es probable que el sueño se empiece a desacomodar, que te sientas más cansado e incluso te desordenes con las comidas. Estas más sensible y tu nivel de estrés es más alto de lo habitual.

    Te orientas hacia otras actividades. La búsqueda de recompensas inmediatas toma todo el protagonismo (nuestro cerebro está diseñado para eso). La tecnología parece ser la más elegida para esto: videojuegos, series, películas, son algunas de las actividades suelen llevarse el primer premio.

    Lo más probable es que tomes decisiones en términos cortoplacistas en función de las necesidades del momento. Claro que cada caso es diferente y será parte del trabajo identificar las propias resistencias de cada uno. Entraste en un espiral de hábitos negativos.

    ¿Qué pasa con la motivación?

    En estos casos, la motivación está en baja. Si en el término de tres semanas no retomaste la actividad, es posible que no lo hagas ni ese mes, ni el siguiente.

    Cuando pensás en  tema te enfocás en los posibles errores que has cometido en el pasado. Estas en modo análisis y tu autodiálogo es negativo: el gimnasio no era para mí, no era un buen horario, funciono mejor solo que en grupo (o al revés), no tengo tiempo, tengo mucho trabajo, la familia es más importante.

    De esta forma, desarrollas sin darte cuenta pensamientos automáticos negativos basados en tus emociones. Crees que en el futuro vas a encontrar la actividad que funcione, el horario perfecto, que el trabajo no será un problema y que la familia va a requerir menos tiempo. En definitiva, que en el futuro seguro va a ser más fácil hacerlo y que lo vas a lograr.

    Tenes otras prioridades y planificas en función de eso, por lo tanto administras tu tiempo en modo ineficiente.

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    ¡Calma! La buena noticia es que si arracaste alguna vez, tenés la capacidad de romper las barreras iniciales y ponerte en modo ejecución nuevamente. Que estés leyendo este artículo es un buen indicador. Podes usarlo para volver a pensar en el ejercicio físico desde otra perspectiva.

    Algunas estrategias

     A continuación te compartimos algunas estrategias para que puedas hacerle frente a esta problemática:

    • Acordate de manejar adecuadamente la intensidad y no hacer sobre esfuerzos en el intento de ganar lo perdido. Los objetivos de bienestar se alcanzan con una intensidad moderada. Incluí a otras personas en la actividad te puede ayudar también.
    • Utilizá la tecnología.. Por ejemplo, una aplicación para registrar tus hábitos saludables. Poner objetivos y seguir el progreso empuja la motivación.
    • Si existieran riesgos a la hora de comenzar una actividad, anotalos por escrito y discutilos con alguien.
    • Hacé un registro de pensamientos cuando el ejercicio aparezca en tu cabeza. Te ayudará a tomar conciencia de cómo te sentís y cómo eso afecta tu conducta. Te puede dar vuelta la ecuación.
    • Es fundamental tener éxito al principio. Si lográs romper la barrera de los 6 meses, duplicaste la posibilidad de sostener la actividad durante ese año. Si no podes solo busca ayuda de un entrenador que te evalúe inicialmente y establezcan un plan de entrenamiento acorde para ti.

    Puede ser que por alguna razón el ejercicio hoy no aparezca en tu calendario, pero sabemos que alguna vez lo estuvo. Estas leyendo este artículo, eso significa que la actividad física sigue en tu mapa mental. Aquí intentamos alentarte a retomar y sobre todo a sostener tu decisión. Bucea entre tus pensamientos y reencontrate con la motivación necesaria.

    Lo hiciste una vez, puedes hacerlo de nuevo e incluso mejor.

    ¡Adelante!

     

    Lic. Manuel Pastene

    Lucía Santangelo

  • Tres trucos para empezar mejor el día

    Tres trucos para empezar mejor el día

    Somos muchos los que después de una larga jornada de trabajo llegamos a nuestro hogar casi con “la reserva” de energía del día. Bostezos a toda hora, agotamiento físico, pensamientos que van y vienen, son solo alguno de los síntomas que muchas personas padecen al terminar el día. Te proponemos aquí algunas formas de empezar el día con más energía y sentirte mejor al llegar a casa.

    1. Iniciá tus días de manera positiva.

    Las primeras horas del día son muy importantes para trabajar en el bienestar. Intentá que sean lo más positivas posible.  Pensá si leer o escuchar las noticias mejora tu estado de ánimo. Intenta escuchar programas humorísticos o música que te estimule, en vez de encontrarte con todas las malas noticias que suelen aparecer en los medios. Desarrollá nuevos rituales y recordá que aun los pequeños cambios pueden ayudar: modificá el tipo de sonido o música de tu despertador, hacé cinco minutos de ejercicios de estiramiento o relajación, cambiá el recorrido al trabajo.

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    1. Buen desayuno y almuerzo

    Hay alimentos que tienen componentes más “energéticos” que otros y si conoces un poco cómo funcionan en tu cuerpo, puedes tener la llave de cómo diagramar tus comidas para que tengan el efecto deseado. El consumo de azucares o almidón, hace que nuestro cuerpo aumente con gran velocidad los niveles de glucosa y por lo tanto la “energía” no dura mucho tiempo. En cambio, cuando se consumen alimentos ricos en proteínas, fibras o grasas buenas, el procesamiento es más lento y nos brinda mayores niveles de energía por más tiempo. Ejemplos de este tipo de alimento son las nueces, manzanas, pastas integrales con pescados, tomates, pollo, lentejas, entre otros.

    1. Tomar mucha agua durante todo el día

    Si una persona no consume suficiente agua durante el día, sus niveles de energía pueden bajar así como su capacidad para pensar, resolver problemas, prestar atención e incluso el estado de ánimo. Según estudios, existen efectos realmente negativos en aquellas personas que no toman suficiente agua. Lo que nos alertan es que la sensación de “sed” aparece en un grado de deshidratación del 1% al 2%, es decir, cuando el cuerpo ya ha sufrido el impacto. Tomar agua con regularidad, en pequeñas porciones pero repetidas, puede ayudarte no solo a sentir más energía durante el día, sino también a bajar de peso, mejorar tu piel, entre otros.

     

    Es hora de empezar a disfrutar del día más allá del trabajo. Desde aquí te aportamos algunos consejos que la ciencia nos brinda para que puedas sentirte mejor, con más energía y puedas disfrutar del resto de tu día haciendo las cosas que más te gustan. Los más importante es tratar de mantener tu atención en el presente. Utilizar todos los sentidos y mantener el foco en ellos. Por ejemplo, sentir la textura de las sábanas, el agua caliente de la ducha o el aroma del café. Pequeños cambios como esos en el inicio de tu día, te permitirán empezar la jornada con una energía diferente, una mayor sensación de bienestar y buen humor.

  • ¡Más por más, más!: Las emociones positivas y su impacto en nuestro bienestar

    ¡Más por más, más!: Las emociones positivas y su impacto en nuestro bienestar

     

    Durante el último tiempo se ha trabajado acerca de cómo las emociones positivas aumentan el campo de pensamiento a través de respuestas más creativas y acciones más variadas. Trabajos como el de Barbara Fredrickson, nos permitió conocer cómo las emociones positivas nos ayudan a establecer mejores relaciones, basadas en la cooperación, la amistad y el desarrollo exponencial de otras emociones de igual estirpe. Esto significa, que estar en contacto con personas que positivas, nos ayuda a aumentar nuestro nivel de bienestar y al mismo tiempo a aumentar el número de emociones positivas que podemos experimentar. Otra de las particularidades que tienen las emociones positivas, es que son fácilmente distinguibles entre sí y comunes a diferentes culturas. En general, hablamos de ocho emociones positivas básicas:

     

    Alegría. Es una emoción grata e intensa que se manifiesta cuando nos encontramos en un ambiente agradable. Aparece normalmente en momentos en los que nos sentimos seguros, en contextos familiares o cuando sentimos que hemos alcanzado un logro personal.

     

    Gratitud. Es un estado vinculado con el agradecimiento y el asombro. Es una emoción que nos permite poner en valor aquello que una persona ha hecho por nosotros o ha querido hacer, es decir, su voluntad de beneficiarnos. Esta puesta en valor incentiva a corresponder a aquel que nos ha ayudado de algún modo y al expresarse se convierte en gran fuente de emociones positivas.

     

    Serenidad. Se alcanza cuando estamos en un estado de completa tranquilidad, totalmente presentes y conscientes de lo que estamos viviendo en un determinado momento.

     

    Interés. Se presenta cuando algo nuevo llama nuestra atención, nos inspira y nos provoca fascinación y curiosidad.

     

    Orgullo. Es una de las emociones consideradas de “autoconsciencia”. Confundida con exceso de autoestima, suele ser mal considerada. Con el equilibrio adecuado, lograremos balancear la humildad con el registro real de aquellos logros que han sido fruto de nuestro esfuerzo y merecen que nos sintamos orgullosos.

     

    Inspiración. Es un estímulo espontáneo que tiene como resultado algo positivo: una canción, un cuadro artístico, una buena conversación o una buena comida.

     

    Asombro. Es la sensación de estar en presencia de algo inesperado y conmovedor. El abanico de posibilidades de aparición de esta emoción es muy amplio; desde nacimientos, puestas de sol, alguna canción que nos conmueva, un encuentro inesperado, entre otros. Son momentos de magnificencia y sorpresa.

     

    Amor. Es la emoción positiva más frecuente y abarca todas las anteriores. Cuando sentimos amor, nuestros cuerpos tienen una reacción biológica que incrementa nuestros niveles de oxitocina y progesterona, hormonas que aumentan nuestra sensación de bienestar.

  • Ancianos felices y jóvenes frustrados. La paradoja de la generación Y

    Ancianos felices y jóvenes frustrados. La paradoja de la generación Y

    Seguramente la mayoría de nosotros ya ha visto del video viral sobre los millennials y las particularidades de esta generación de jóvenes que tanto llaman nuestra atención. Si no lo viste el vídeo o crees que es exagerado, ¡Mirá!

    Estudios recientes demostraron que la gente mayor tiene mayores niveles de bienestar subjetivos que los jóvenes de esta generación ¿Por qué será esto? La respuesta es bastante compleja y controversial, pero según la investigación llevada a cabo por la Universidad de San Diego sobre 1546 personas entre 21 y 100 años, los ancianos (a pesar de los dolores propios de la edad y las dificultades vinculadas con el paso del tiempo) son más felices que los jóvenes y tienen una salud mental superior.

    ¿Cuáles son las causas de este tipo de resultados tan paradójicos? Lo primero que se menciona en el estudio es la presión del éxito. Concepto interesante para pensar, ¿verdad? Según el análisis de estos profesionales, los jóvenes no solo cargan con la presión de sus propios logros, sino también con la dificultad extra de ver triunfos ajenos. Ansiedad, depresión, estrés, son solo algunas de los trastornos que sufren estos jóvenes y que, por el contrario, poco se han encontrado en los ancianos.

    La sensación de desaprovechar las oportunidades, la paradójica carrera contra la sensación de tiempo infinito y el apuro con conseguirlo todo “ya”, son algunos de los motivos por los cuales esta generación de jóvenes millennials muestran bajos niveles de bienestar subjetivo. La idea frustrada de poderlo todo, confrontada con una realidad de pocas alternativas, la poca demanda a la gran oferta de profesionales, la inestabilidad de las relaciones, la falta de habilidades sociales, todo este combo de situaciones han puesto en jaque a una generación completa que sufre su día a día como uno esperaría que lo sufriera un anciano agobiado de los achaques que le ha producido el paso del tiempo.

    Tenemos que preparar mejor a los jóvenes para esta era de dificultades, para sortear los obstáculos que la vida inevitablemente va a ponerles. Nuestros ancianos ya han sobrevivo a guerras, hambre, sequías, crisis económicas y aun así, muchos de ellos, mantienen su alegría. Debemos aprender un poco de ellos y formar a nuestros jóvenes en aptitudes vinculadas menos con el éxito y la gloria y más con la resiliencia y tolerancia a la frustración.

    Aquí el video del que todo el mundo habla

  • ¡De soledad, de perdón o de vida yo quiero llegar a los cien años señor!

    ¡De soledad, de perdón o de vida yo quiero llegar a los cien años señor!

    ¿Cómo querés llegar a la vejez?  Más allá de llegar al centenario, ¿es posible envejecer y sentirse bien durante el proceso?

    No se cuántos de nosotros estamos en condiciones de vivir hasta alcanzar las tres cifras y hasta qué punto esto sería recomendable. Lo que sí nos interesa es la forma en la que vayamos a envejecer. No importa si vivimos hasta las 80, los 105 o los 60, la vida es extremadamente dinámica y tenemos dos certezas: vamos a morir y no sabemos cuándo. Por eso, es importante empezar desde tempranito a mejorar nuestra calidad de vida.

    Envejecer no tiene por qué significar malestar. Siempre el tiempo y sus achaques se harán notar, pero hay muchas cosas que podemos hacer para que nada de eso inhabilite nuestra acción y mucho menos nuestro bienestar.

    ¿Cuáles son las cosas que la ciencia nos recomienda para mejorar nuestro nivel de bienestar y para poder mantenerlo durante la vejez?

    Normalmente las personas longevas presentan características particulares tales como: una vida social activa, mente positiva, búsqueda constante de nuevos aprendizajes, trazado de metas a corto plazo, actividad física, dieta saludable, control del peso y de la salud en general, lectura regular, buen sueño y poca exposición al estrés.

    Todas estas indicaciones parecen de un cuento de hadas, ¿cómo es posible que con el tipo de vida que tengo pueda hacer todo eso? De a poco, no hay porque asustarse. Lo fundamental es ir teniendo todo esto en cuenta para poder convertir alguna de estas características en hábitos normales de nuestro día a día. Si tiene que elegir entre mirar una serie nueva que le recomendó un amigo, o salir con él a caminar, elija siempre la segunda. Si debe escoger unas vacaciones en un all-inclusive o visitar a un familiar en un país que le interesa, elija la segunda. Priorice siempre sus vínculos, porque serán ellos la clave para poder automatizar todas las demás actividades. Si tenes un grupo de amigos activo, será más fácil salir de tu casa.

    Un estudio que el Centro de Promoción del Adulto Mayor (CEPRAM) viene realizando entre los inscriptos a sus cursos y talleres, afirma que seguir aprendiendo junto a otras personas es fundamental para el bienestar físico y psicológico. Las casi siete mil personas que ya respondieron la encuesta a lo largo de cuatro años manifestaron que ser parte de un espacio educativo les ayudó a renovar los vínculos y el estado de ánimo, a recuperar las ilusiones y hasta a mejorar la salud.

    No es necesario envejecer rodeado de dolores, de una rutina hogareña agobiante y problemas de salud constante. Adquirí poco a poco alguno de los hábitos que mencionamos arriba y comenzá a disfrutar de tu día a día.

  • Nuevo medicamento de características peludas y risueñas

    Nuevo medicamento de características peludas y risueñas

    Nuevas investigaciones demuestran los beneficios de tener una mascota en casa. Quizás algún día los médicos prescriban adquisiciones de este tipo y las obras sociales las cubran…

    Todo el que ha tenido una mascota conoce y disfruta de los beneficios de su compañía. ¿Qué nos dicen las investigaciones al respecto? ¿Será cierto que son tan beneficiosas o es solo la subjetividad de sus dueños?

    En la vida de cada persona existe al menos una anécdota que incluye un animal. No importa si ha sido propio, de un primo, un amigo o de alguna visita a la granja. Los animales generan todo tipo de sensaciones en las personas; solo pensar en quienes pagan sumas gigantescas de dinero para ir de zafarí y ver a los animales en su hábitat natural, alcanza.

    Hace muchos años que los seres humanos hemos “domesticado” distintas especies de animales. El perro y el gato son los más corrientes, pero hoy conviven en nuestras casas todo tipo de aves, peces, roedores, entre otros ¿Cuáles son las consecuencias que tiene para nuestro bienestar vivir con estos seres vivos?

    Diversos estudios afirman que contar con la presencia de una mascota en casa tiene múltiples beneficios para la salud física y psíquica de las personas: aumenta la calidad de vida, fortalece el sistema inmunológico, previene infartos, disminuye los síntomas de la depresión y la ansiedad, entre otros.

    En relación a la salud física por ejemplo, un estudio realizado por la American Heart Association, demostró que tener mascotas en casa puede contribuir para evitar enfermedades cardiacas. Esto no significa que por tener un perro, casi como algo mágico, se es inmune a los infartos. Lo que el estudio muestra es que la rutina de pasear al perro hace que las personas caminen de manera diaria, una de las prescripciones más usuales para el cuidado cardiaco. Gracias a que lleva a cabo este ejercicio todos los días, la persona es menos propensa a sufrir enfermedades cardiovasculares.

    Estudios de Finlandia, por ejemplo, demostraron que los niños que han tenido más contacto con animales, gozan de un sistema inmune más fuerte especialmente en lo que respecta a enfermedades alérgicas o asma. La investigación más importante se desarrolló durante el lapso de un año, en el que se hizo un exhaustivo seguimiento de 397 recién nacidos. Se estudió como, a lo largo de un año, su sistema inmune respondía al contacto con los animales. El estudio mostró que los niños que más se relacionaron con sus animales, eran más saludables.

    En el aspecto psicológico, diversas investigaciones han puesto a prueba la vivencia subjetiva de los fanáticos de los animales sobre los beneficios emocionales que tienen las mascotas. El veredicto es que su compañía ayuda a disminuir las alteraciones psicológicas, reduce la sensación de soledad, estrés y ansiedad, contribuye en la lucha contra la depresión, entre otros. Lo que se ha demostrado en los últimos años, es que la interacción con los animales (jugar con ellas, pasear, acariciarlas, etc) permite que el cerebro produzca hormonas (oxitocina y serotonina) indispensables para la sensación de bienestar.

    Además de todos estos beneficios, diversas organizaciones han entrenado animales (normalmente perros) para asistir a las personas en su día a día. Son muchos los animales que acompañan a ciegos, paralíticos, autistas, niños con dificultades sociales, ancianos, entre otros, en sus actividades diarias.

    Si bien aún falta mucho por estudiar y existen algunas controversias en torno a estas temáticas, quizás en un futuro no muy lejano, nuestro médico nos prescriba adquirir un animal… ¿cuál será el plan que lo cubra?

  • Arquitectos del bienestar

    Arquitectos del bienestar

    Llegar a casa, descansar y disfrutar de un oasis. ¿Qué es el nuevo concepto de arquitectura curativa?

    En esta época de profunda concientización sobre nuestro propio bienestar y salud, las personas somos cada día más capaces de percibir la gran cantidad de beneficios que tiene pasar mucho tiempo al aire libre. Disfrutamos de parques, campamentos, salidas recreativas en contacto con la naturaleza, pero nuestras rutinas siguen siendo en lugares cada vez más cerrados y oscuros. Veamos a continuación que alternativas ofrece la arquitectura actual…

    Desde hace algunos años ha entrado en vigencia el concepto de “arquitectura curativa”. La base de esta nueva manera de pensar la construcción es el usuario. Según algunos de sus exponentes lo que se busca generar son espacios que promuevan el bienestar de las personas que van a utilizarlos, haciendo uso de diversos recursos que permitan disfrutar de la estadía. Inicialmente este tipo de intervenciones se centraron en hospitales, aeropuertos, oficinas o salas de espera. Hoy el espectro de aplicabilidad de estas construcciones ha crecido enormemente y ha llegado a las viviendas particulares.

    Diversos estudios han demostrado que muchas de las dificultades que vivimos todos los días para concentrarnos, pensar, dormir e incluso relajarnos, están vinculadas con cierto tipo de edificios en los que llevamos a cabo nuestras actividades, como por ejemplo, la jornada laboral.

    Un nuevo estudio de la Escuela de Salud Pública T.H Chan de Harvard, en Estados Unidos, demostró que las personas que trabajan en edificios consideraros “verdes” o que tienen poco impacto ambiental tiene una sensación de bienestar mayor, lo que les permite tanto sentirse mejor, como pensar más claramente.

    Los beneficios de este tipo de construcción no solo son psíquicos o anímicos, sino que tienen impacto físico también. El estudio reveló una disminución del 30% en lo llamado “síndrome del edificio enfermo”. El mismo, cuenta con síntomas tales como: irritación ocular, dolor de garganta y nariz, así como también migrañas, erupciones cutáneas y problemas respiratorios.

    ¿Qué tienen de especial estas construcciones? En principio un foco muy claro en maximizar las posibilidades lumínicas y de ventilación, ya que se consideran pilares fundamentales para el equilibrio mental y físico. Por lo tanto, estas obras tienen en cuenta premisas tales como: la orientación hacia el sol, hemisferios, temperaturas estables templadas y mucho color. Este último está vinculado con la ansiedad y pretende disminuirla a través de ambientes alegres pero contenedores que permitan al usuario relajarse cómodamente en un ambiente pensado para él. Los materiales utilizados también son importantes, ya que desde ellos es posible generar los efectos buscados. Maderas, colores suaves, flexibilidad, seguridad y fácil mantenimiento, son solo alguno de los pilares que este tipo de construcciones pretende para garantizar un buen pasar a sus usuarios.

    Según el estudio Bienestar Habitacional Guía de Diseño para un Hábitat Residencial Sustentable, publicado por la Facultad de Arquitectura y Urbanismo y el Instituto de la Vivienda de la Universidad de Chile,  la Universidad Técnica Federico Santa María y la Fundación Chile, son seis los factores de bienestar habitacional: físico espacial, sicosocial, térmico, acústico, lumínico y seguridad y mantención. El estudio no solo aborda el tema del diseño de la vivienda, sino de los conjuntos que las contienen, una de las soluciones habitacionales urbanas más comunes hoy en día.

    El estudio recomienda que “la propuesta arquitectónica debería ser considerada como una respuesta integral y sistémica a las imposiciones del medio, a las necesidades del habitante y a los requerimientos del propio edificio por perdurar en el tiempo y el lugar”. Y continúa más adelante: “considerar en el diseño arquitectónico las intervenciones de las personas en el proceso de habitar la vivienda, con el propósito de facilitar la progresividad y anticipar los posibles impactos que ellas pueden generar en las distintas escalas”.

    La arquitectura está dando un salto en su concepción y ha comenzado a construir edificios, habitaciones, viviendas y salas para que las personas puedan disfrutar su estadía y aumentar su bienestar. Parece una locura que hasta hace poco tiempo esto no sucediera. Lo importante es que seguimos avanzando…

  • ¡Alerta holgazanes!

    ¡Alerta holgazanes!

    ¿Qué dicen las investigaciones? ¿Menos horas en el trabajo, mejor rendimiento?

    Recientes  estudios sostienen que menor cantidad de horas de trabajo permite una mayor productividad. ¿Será cierto? ¿Aplica a cualquier actividad?

    La mayoría de nosotros sufrimos el régimen histórico de 40hs semanales de trabajo. Sea el rubro que sea, casi el total de los trabajadores llevan a cabo jornadas laborales que no bajan de las 8hs diarias. El agotamiento, el aburrimiento y otras cuestiones vinculadas a la rutina hacen que muchas personas no disfruten del todo su trabajo y no rindan al máximo.

    No es raro escuchar a un amigo o conocido quejarse sobre sus jefes, lo rutinario de su tarea, el mal ambiente, el salario, entre otros. A veces, repetir todo el tiempo la misma actividad, cruzar siempre a las mismas personas y lidiar con las dificultades propias del día a día puede ser agotador e influir negativamente en nuestro bienestar.

    Muchos estudios han analizado el impacto del trabajo en la vida de las personas y se comprobó que esta actividad implica múltiples aristas. Brinda al sujeto la idea de utilidad y de sentido, ordena y organiza la estructura del día, brinda la posibilidad de acceder a distintos bienes a través del salario, entre otros. Ahora bien, así como existen todas estas posibilidades, también se ha descubierto que cuando una persona no se siente a gusto en su lugar de trabajo, éste puede convertirse en un infierno e influir directamente en la forma en que vive.

    Los suecos han invertido mucho tiempo y dinero a investigar cuestiones vinculadas al bienestar y en particular, en relación al trabajo. Sus últimas investigaciones han determinado que jornadas laborales más cortas (30hs semanales) permiten que las personas no se cansen tanto, que tengan más tiempo libre (y por lo tanto mantengan un mejor humor) y aumenten la productividad. Estas jornadas reducidas comenzaron a implementarse en algunas compañías suecas dando muy buenos resultados iniciales. Obviamente, muchas empresas grandes se han resistido a este tipo de intervención argumentando las dificultades económicas que implica (habría que contratar más empleados, se pierde competitividad, entre otros) y han mantenido sus jornadas tradicionales. De hecho, la mayoría de las compañías aún la mantienen.

    De todos modos, el gobierno suizo no ha dado el brazo a torcer y muchos pequeños emprendimientos y negocios han implementado esta medida con muy buenos resultados. Los temores de tener que contratar más personal, desaparecieron frente a la productividad de los empleados y la eficiencia lograda en la jornada de 6hs. Una de las empresas icónicas para esta intervención pertenece a una mujer llamada Maria Brath y tiene 20 empleados. Desde que implemento la jornada reducida, la productividad aumentó de tal manera que sus ingresos se duplicaron en un año. Redujo el absentismo y logró generar un ambiente de trabajo mucho más ameno y amigable, ya que los empleados trabajan de mejor humor y concentrados en sus tareas. No hay mucho tiempo para discutir, con tanto para hacer y tan poco tiempo.

    En contraposición con esta experiencia, se publicó en un artículo de la BBC un testimonio de una empresaria que llevó a cabo dicha modificación con pésimos resultados. Kenny Kline, de MedPreps, recortó la jornada laboral de 20 empleados de tiempo completo. Todos ellos se dedicaban a idear preguntas para exámenes médicos. El acuerdo implicaba la conservación del salario aunque la jornada fuese reducida. El experimento de cuatro meses fue un fracaso.

    «La cultura de la empresa cambió para peor cuando le dimos a los empleados sólo seis horas al día para idear preguntas de examen en lugar de las ocho horas», señala Kline, cofundador de la compañía con sede en San Louis, Missouri, que vende materiales para la preparación de exámenes médicos en Estados Unidos.

    «Definitivamente, la gente trabajaba más duro y obteníamos más de los trabajadores», dice Kline. «Pero no interactuaban entre ellos. Y estaban mucho menos contentos en el trabajo«.

    Sin mucho tiempo para el almuerzo u otros descansos, los buenos vínculos que alguna vez disfrutó su personal alcanzaron un punto muerto. Es más, afirma Kline, al final del día los empleados quedaban demasiado agotados mentalmente.

    «La gente se sentía mucho más agotada trabajando seis horas diarias, por la intensidad del trabajo», explica.

    La realidad es que aún falta mucho para poder determinar si este tipo de jornadas sirven para poder aumentar el bienestar de los empleados y con él su productividad. Tampoco conocemos si este tipo de intervenciones son aplicables a todos los rubros y trabajos o si en realidad responden a una actividad específica como puede ser la creatividad. Lo que si sabemos desde hace muchos años es que bienestar y productividad están íntimamente relacionadas. Un empleado feliz, es un empleado con mayor entusiasmo, energía y eficiencia.

     

  • Me gané un millón de dólares, ¿Y ahora qué?

    Me gané un millón de dólares, ¿Y ahora qué?

     ¿En qué estoy poniendo mis energías? ¿Voy a llegar a ser feliz alguna vez? ¿Quién será más feliz, Bill Gates o Ravi Shankar?

    No es el dinero que ganamos sino la forma en que lo usamos lo que marcará la diferencia.

    Imaginate que ganas la lotería. Dejando de lado los momentos iniciales de euforía y estupor emocional, tomate unos minutos para pensar: ¿qué harías con ese dinero?

    Seguramente estés pensando (al igual que yo) en cambiar el auto, la casa, comprarte ese televisor de un millón de pulgadas ultra moderno con masajeador de pies, conseguir un robot que haga todo lo que vos no querés hacer, entre otros. Ahora bien, detrás de todo esto (suponiendo que no eras millonario), está la ilusa esperanza de conseguir mayor bienestar.

    Tengo una mala noticia para quienes creyeron que con el robot se les solucionaría la vida: los estudios señalan que luego de algún tiempo, volverás a ser el mismo de antes. Si cambias tu autito viejo, ávido de anécdotas y recuerdos, por un Mercedes impresionante con olor a nuevo, al cabo de unos meses la efervescencia que sentías al subirte a él desaparecerá. Y esto no es todo: si el gasto que implica pagarlo y mantenerlo te impide llevar a cabo otras actividades, como tomarte unas cervezas con amigos después del trabajo o viajar con tu familia, el nivel de bienestar que experimentes será aún menor.

    La realidad es que se consigue más felicidad usando el dinero en experiencias que en cosas materiales. Por ejemplo, preparar una comida exótica con alguien querido, ir a ver a tu banda preferida o conocer el país de donde vienen tus abuelos, dará mejores resultados a tu bienestar porque son experiencias que se conectan con un sentido más profundo. Estas actividades tienen, además un bonus track: suelen acercarnos a otras personas. Con un cine de lujo en tu propia casa, no necesitas de la compañía de alguien más o al menos podrías prescindir de ella y disfrutar de lo que la tele tiene para ofrecer. Las experiencias a las que hacemos alusión, normalmente potencian sus beneficios cuando son vividas con otros. Un viaje con amigos, un partido de futbol con tu hijo, un concierto de la banda preferida de tu adolescencia junto con tus hermanos, son experiencias que nos acercan a nuestros seres queridos y nos vinculan de manera diferente.

    Pero esto no es todo: en 2006, la revista Science publicó el artículo “Would you be happier if you were richer? A focusing illusion” (¿Serías más feliz si fueses más rico? Una ilusión de enfoque), en el que Daniel Kahneman, psicólogo y ganador del Premio Nobel de Economía en 2002, explicaba los resultados de un estudio para comprobar la relación entre el dinero y la felicidad. Consultaron a mil setecientas personas con diferentes niveles de ingresos, quienes, en su mayoría, respondieron que ganar más contribuye a un mayor bienestar. Sin embargo, los investigadores encontraron que aquellos que percibían ingresos más altos no necesariamente vivían mejor. Esto no significa que Bill Gates no sea feliz, sino que luego de un número determinado de ingresos anuales la sensación de bienestar no se ve modificada significativamente. Obviamente si mis ingresos son bajos y me cuesta cubrir las necesidades básicas (comida, vivienda, salud), un aumento de dinero implicará mayor bienestar ya que me dará acceso a cosas fundamentales. Ahora bien, con dichas necesidades satisfechas y con la posibilidad de algún que otro “gusto” los niveles de bienestar entre “muchos gustos” y “algunos gustos” no son muy significativas. Esto significa que si queremos ser felices, debemos intentar ganar el dinero necesario para poder solventar nuestras necesidades básicas y para poder disfrutar de las actividades que nos hacen felices, que si prestamos atención, en su mayoría no implican costos demasiado altos. Una tarde en familia, un partido de futbol, un almuerzo con amigas, una cita romántica al cine, seguramente impacten más en tu bienestar que el robot ultra eficiente del que hablábamos antes.

    La realidad es que no sabemos quién es más feliz, pero si Bill Gates lee este artículo seguro será dificil superarlo.

  • ¡Ya no quiero tener un millón de amigos!

    ¡Ya no quiero tener un millón de amigos!

    Roberto Carlos nunca se imaginó que podría tenerlos a todos en un mismo lugar, ni lo que implicaría realmente tener tantos ojos evaluándolo. Pareciera que el sueño hecho canción de tener un millón de amigos y de reunirlos a todos el mismo sitio se volvió una realidad para algunos populares usuarios de redes sociales. Un ser humano promedio, un don nadie como mi abuela por ejemplo, cuenta con 780 amigos en Facebook. No se dónde planea festejar su próximo cumpleaños, pero no creo que entren todos en su casa.

    Hoy Facebook ya tiene 1.590 millones de usuarios. De los cuales 934 millones entran a la red social todos los días y 894 millones de personas lo hacen desde su teléfono móvil. Instragram llegó a los 500 millones de usuarios y Twitter por su parte, cuenta con 332 millones.

    México, Argentina, Perú, Chile y Colombia están entre los 10 países del mundo con mayor porcentaje de usuarios de las redes sociales. Son millones los que están implicados en este nuevo mundo virtual de encuentros y desencuentros, me gustas, retwitts, corazones y pulgares arriba.

    Las implicancias de una vida atravesada por las redes sociales

    Las redes sociales nos han permitido reencontrarnos con amigos y personas que creímos imposible volver a ubicar. Han achicado las distancias entre las personas permitiendo que alguien en Nueva Zelanda le muestre a otro en Uruguay qué va a comer y cómo lo prepara en vivo, pero ¿Son las redes sociales capaces de influir en nuestra felicidad? ¿Su existencia implica, realmente, un cambio en nuestra sociedad?

    Hay cientos de estudios vinculados con esta temática y todos tienen resultados muy distintos. Aún no se ha podido sistematizar un instrumento válido para evaluar la forma en que las redes sociales han afectado nuestra vida, pero muchas universidades y entidades internacionales están cada vez más interesadas en estudiar el tema.

    Algunas investigaciones hacen hincapié en el rendimiento profesional y académico, como la publicada en la revista Computers in Human Behavior. Esta investigación de la Middle Tennessee State University, analizó tanto la eficiencia y como la percepción de bienestar subjetivo de más de 200 alumnos. Los resultados demostraron que si bien las alteraciones no son muy significativas, los efectos negativos del uso de las redes sociales alcanzan a ambas variables y se agravan lentamente. El estudio analizó factores como la atención, la performance, la sensación de bienestar, eficiencia y concepto de felicidad. En todos ellos se ven decrecimientos vinculados al uso de las redes pero en cifras aún no significativas, pero crecientes. Esto significa que aunque hoy el impacto no sea muy grande, lo será próximamente.

    Otro de los aspectos que más se ha estudiado es cómo el uso de las redes modificó nuestra forma de relacionarnos. Esta variable tiene varios aspectos, pero uno de los más importantes es el modo en que la exposición de nuestras vidas y la de los demás influye en la forma en que percibimos nuestra propia existencia.

    Un estudio vinculado con esto es el publicado en la revista Cyberpsychology, behavior, and social networking, demostró el modo en que el uso de redes sociales como Facebook altera la percepción que tenemos de la vida de los otros. En función de lo que cada persona comparte, es fácil pensar que los demás son más felices que nosotros y que tienen mejores vidas. Lo que puso en evidencia este estudio es la forma en que esa percepción errónea afecta la sensación de bienestar subjetivo de las personas que, reflejándose en lo que ven de los demás, consideran a su vida poco satisfactoria. Inconformismo, pesimismo y en algunos casos depresión y ansiedad, son algunos de los resultados que esta comparación social automática está generando en muchos sujetos que consideran que su vida es miserable e injusta frente a la felicidad evidente de todo el resto de sus contactos.

    Hay muchísimo para hablar sobre esta temática. Nuevos tipos de vinculación con los ex (¡Ya no es tan fácil dejar de saber de ellos!), amistades virtuales, peleas por poner “me gusta” a otras personas, indirectas a través de twitts o fotos significativas, ostentación e incluso exposición. Hay quienes comparten todo lo que piensan y viven, otros que solo se comunican con unas pocas personas. Todos estos pequeños cambios afectan nuestro bienestar de una u otra manera. Son importantes los estudios que se están realizando para poder entender de qué manera la irrupción de las redes sociales impacta sobre nosotros. Con el correr de los años comprenderemos un poco más sobre cómo funciona este nuevo mundo virtual y podremos utilizarlo mejor.

    Mientras tanto es importante que, en algún momento, podamos tomar perspectiva y analizar: ¿Cuál es mi uso de las redes sociales? ¿Cómo afecta eso a mi propio bienestar? De este modo podremos tener una idea más clara de nuestra situación particular y las formas que tenemos para hacer un mejor uso de esta gran herramienta comunicacional.