Categoría: Familia

  • ¿Qué pasa cuando dejamos de ejercitarnos?

    ¿Qué pasa cuando dejamos de ejercitarnos?

    Si estás leyendo este artículo probablemente en algún momento arrancaste con la actividad física pero por alguna razón dejaste de hacerlo, o lo intentaste en el pasado y te paso lo que le pasa al 50% de las personas: abandonaste antes de los 6 meses. Si perteneces a este 50% reducís a un 20% la probabilidad de arrancar de nuevo durante ese mismo año.

    Una estadística bastante contundente

    Varios estudios indican que abandonamos el ejercicio físico en función de la experiencia que tenemos mientras lo practicamos. La intensidad es la clave para comprender este fenómeno. Las investigaciones muestran que cuando empezamos a ejercitar tenemos altas expectativas respecto a lo que queremos lograr, con lo cual tendemos a hacer sobre esfuerzos y manejar una intensidad fuera de nuestras capacidades físicas. Esto va acompañado de pensamientos negativos, incomodidad y miedo, aumentando las lesiones, el estrés y consecuentemente el abandono. Si bien, esto es más frecuente en principiantes, también se puede ver en deportistas experimentados, sobre todo en aquellos que en el pasado habían logrado un excelente estado físico.

    ¿Qué le pasa a mi cuerpo cuando dejo de entrenar?

    Cuando dejas de ejercitarte se empieza a dar el fenómeno de “desentrenamiento”. Sus efectos van a depender de tu edad, tu estado físico, de cuánto tiempo llevas ejercitando, y también del tipo de ejercicio y del nivel que alcanzaste.

    Existen cientos de estudios sobre los cambios fisiológicos que ocurren. Lo primero que se registra es un cambio en la actividad cardiovascular: tu corazón bombea la sangre de modo más ineficiente, tus músculos pierden capacidad de procesar oxígeno, y tu cuerpo la habilidad de usar los carbohidratos como combustible. Todo esto empieza a ocurrir entre la primera y segunda semana de inactividad.

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    La flexibilidad y la fuerza se ven afectadas a los 3 días de inactividad: los músculos van perdiendo su capacidad de absorber proteínas. A las 3 semanas se registra un cambio en el nivel de masa muscular que habías ganado.

    La verdad es que en total perdés el 40 % de tu estado físico. Tranquilos, la buena noticia es que sigue siendo mejor respecto a alguien que nunca hizo ejercicio.

    ¿Qué te pasa en la cabeza cuando pasas a la inactividad física?

    Culturalmente pensamos más en nuestro cuerpo y menos en nuestra mente. Es interesante revisar qué nos pasa a nivel psicológico cuando dejamos de ejercitar, ya que si lo entendemos tendremos muchas más posibilidades de retomar la actividad aplicando estrategias efectivas.

    Todos inicialmente nos ponemos evitativos. No queremos hablar ni pensar en el tema, si la conversación surge posiblemente la esquivemos, y si tu cabeza insiste en traer esas ideas posiblemente busques rápidamente otra actividad para distraerte y poner la energía.

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    Es probable que el sueño se empiece a desacomodar, que te sientas más cansado e incluso te desordenes con las comidas. Estas más sensible y tu nivel de estrés es más alto de lo habitual.

    Te orientas hacia otras actividades. La búsqueda de recompensas inmediatas toma todo el protagonismo (nuestro cerebro está diseñado para eso). La tecnología parece ser la más elegida para esto: videojuegos, series, películas, son algunas de las actividades suelen llevarse el primer premio.

    Lo más probable es que tomes decisiones en términos cortoplacistas en función de las necesidades del momento. Claro que cada caso es diferente y será parte del trabajo identificar las propias resistencias de cada uno. Entraste en un espiral de hábitos negativos.

    ¿Qué pasa con la motivación?

    En estos casos, la motivación está en baja. Si en el término de tres semanas no retomaste la actividad, es posible que no lo hagas ni ese mes, ni el siguiente.

    Cuando pensás en  tema te enfocás en los posibles errores que has cometido en el pasado. Estas en modo análisis y tu autodiálogo es negativo: el gimnasio no era para mí, no era un buen horario, funciono mejor solo que en grupo (o al revés), no tengo tiempo, tengo mucho trabajo, la familia es más importante.

    De esta forma, desarrollas sin darte cuenta pensamientos automáticos negativos basados en tus emociones. Crees que en el futuro vas a encontrar la actividad que funcione, el horario perfecto, que el trabajo no será un problema y que la familia va a requerir menos tiempo. En definitiva, que en el futuro seguro va a ser más fácil hacerlo y que lo vas a lograr.

    Tenes otras prioridades y planificas en función de eso, por lo tanto administras tu tiempo en modo ineficiente.

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    ¡Calma! La buena noticia es que si arracaste alguna vez, tenés la capacidad de romper las barreras iniciales y ponerte en modo ejecución nuevamente. Que estés leyendo este artículo es un buen indicador. Podes usarlo para volver a pensar en el ejercicio físico desde otra perspectiva.

    Algunas estrategias

     A continuación te compartimos algunas estrategias para que puedas hacerle frente a esta problemática:

    • Acordate de manejar adecuadamente la intensidad y no hacer sobre esfuerzos en el intento de ganar lo perdido. Los objetivos de bienestar se alcanzan con una intensidad moderada. Incluí a otras personas en la actividad te puede ayudar también.
    • Utilizá la tecnología.. Por ejemplo, una aplicación para registrar tus hábitos saludables. Poner objetivos y seguir el progreso empuja la motivación.
    • Si existieran riesgos a la hora de comenzar una actividad, anotalos por escrito y discutilos con alguien.
    • Hacé un registro de pensamientos cuando el ejercicio aparezca en tu cabeza. Te ayudará a tomar conciencia de cómo te sentís y cómo eso afecta tu conducta. Te puede dar vuelta la ecuación.
    • Es fundamental tener éxito al principio. Si lográs romper la barrera de los 6 meses, duplicaste la posibilidad de sostener la actividad durante ese año. Si no podes solo busca ayuda de un entrenador que te evalúe inicialmente y establezcan un plan de entrenamiento acorde para ti.

    Puede ser que por alguna razón el ejercicio hoy no aparezca en tu calendario, pero sabemos que alguna vez lo estuvo. Estas leyendo este artículo, eso significa que la actividad física sigue en tu mapa mental. Aquí intentamos alentarte a retomar y sobre todo a sostener tu decisión. Bucea entre tus pensamientos y reencontrate con la motivación necesaria.

    Lo hiciste una vez, puedes hacerlo de nuevo e incluso mejor.

    ¡Adelante!

     

    Lic. Manuel Pastene

    Lucía Santangelo

  • Tres trucos para empezar mejor el día

    Tres trucos para empezar mejor el día

    Somos muchos los que después de una larga jornada de trabajo llegamos a nuestro hogar casi con “la reserva” de energía del día. Bostezos a toda hora, agotamiento físico, pensamientos que van y vienen, son solo alguno de los síntomas que muchas personas padecen al terminar el día. Te proponemos aquí algunas formas de empezar el día con más energía y sentirte mejor al llegar a casa.

    1. Iniciá tus días de manera positiva.

    Las primeras horas del día son muy importantes para trabajar en el bienestar. Intentá que sean lo más positivas posible.  Pensá si leer o escuchar las noticias mejora tu estado de ánimo. Intenta escuchar programas humorísticos o música que te estimule, en vez de encontrarte con todas las malas noticias que suelen aparecer en los medios. Desarrollá nuevos rituales y recordá que aun los pequeños cambios pueden ayudar: modificá el tipo de sonido o música de tu despertador, hacé cinco minutos de ejercicios de estiramiento o relajación, cambiá el recorrido al trabajo.

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    1. Buen desayuno y almuerzo

    Hay alimentos que tienen componentes más “energéticos” que otros y si conoces un poco cómo funcionan en tu cuerpo, puedes tener la llave de cómo diagramar tus comidas para que tengan el efecto deseado. El consumo de azucares o almidón, hace que nuestro cuerpo aumente con gran velocidad los niveles de glucosa y por lo tanto la “energía” no dura mucho tiempo. En cambio, cuando se consumen alimentos ricos en proteínas, fibras o grasas buenas, el procesamiento es más lento y nos brinda mayores niveles de energía por más tiempo. Ejemplos de este tipo de alimento son las nueces, manzanas, pastas integrales con pescados, tomates, pollo, lentejas, entre otros.

    1. Tomar mucha agua durante todo el día

    Si una persona no consume suficiente agua durante el día, sus niveles de energía pueden bajar así como su capacidad para pensar, resolver problemas, prestar atención e incluso el estado de ánimo. Según estudios, existen efectos realmente negativos en aquellas personas que no toman suficiente agua. Lo que nos alertan es que la sensación de “sed” aparece en un grado de deshidratación del 1% al 2%, es decir, cuando el cuerpo ya ha sufrido el impacto. Tomar agua con regularidad, en pequeñas porciones pero repetidas, puede ayudarte no solo a sentir más energía durante el día, sino también a bajar de peso, mejorar tu piel, entre otros.

     

    Es hora de empezar a disfrutar del día más allá del trabajo. Desde aquí te aportamos algunos consejos que la ciencia nos brinda para que puedas sentirte mejor, con más energía y puedas disfrutar del resto de tu día haciendo las cosas que más te gustan. Los más importante es tratar de mantener tu atención en el presente. Utilizar todos los sentidos y mantener el foco en ellos. Por ejemplo, sentir la textura de las sábanas, el agua caliente de la ducha o el aroma del café. Pequeños cambios como esos en el inicio de tu día, te permitirán empezar la jornada con una energía diferente, una mayor sensación de bienestar y buen humor.

  • La fórmula de la longevidad

    La fórmula de la longevidad

    Existe en nuestro planeta una versión particular del “País de nunca más” donde la gente no crece. En este caso en especial, estudios han demostrado que en una isla perteneciente a Japón, se acumula el mayor número de “centenarios” del mundo. Muchos de los joviales habitantes de esta isla, tienen tres cifras en sus tortas de cumpleaños y hábitos que más de un veinteañero debería imitar.

    La base de los estudios que se han hecho en la isla nipona de Okinawa, buscan demostrar que no es una casualidad que haya tantos ancianos acumulados en ese lugar ¡y lo han demostrado!

    Esta localidad de 1.200km2 contiene a un millón y medio de habitantes, que a su vez representan el grupo más grande de personas con más de 100 años del mundo. Estas particularidades llevaron a que entidades gubernamentales, con programas como “Centenarian Study” o periodistas independientes de revistas científicas de renombre como  “Journal of the American College of Nutrition”, se interesaran en las características propias de esta isla de inmortales.

    Algunos de los datos que encontraron:

    • Los okinawenses padecen menos enfermedades crónicas.
    • La incidencia de demencia es significativamente más baja que la media mundial.
    • Tienen buena salud: peso adecuado, aspecto jovial, enérgicos.
    • Baja tasa de enfermedades cardiovasculares y cances.
    • La dieta es muy específica:
      • Base de arroz
      • Pescado
      • Mariscos
    • Poca cocción de sus comidas y poco consumo de frituras.
    • Los bocados son pequeños y la alimentación se realiza lentamente.
    • Nunca buscan quedar saciados: no buscan excederse en los alimentos, sino consumir lo necesario.
    • Consumen mucha leche, vegetales y frutas, ricas en nutrientes y carentes de calorías.
    • Realizan ejercicio diario:
      • Paseos por las costas y playas.
      • Prácticas de jardinería.
    • Hay poco consumo de alcohol y cigarrillos.
    • Poseen una genética favorable.

    Más allá de todas estas características, lo que los estudios nos demuestran es que una buena alimentación, una vida en un entorno natural agradable y una costumbre diaria de ejercitación moderada son suficientes para tener una larga y buena vida. Más allá de la cantidad de años que viven estas personas, lo más importante es el modo en que lo hacen: son saludables, enérgicos ¡y además viven una eternidad!

  • Ancianos felices y jóvenes frustrados. La paradoja de la generación Y

    Ancianos felices y jóvenes frustrados. La paradoja de la generación Y

    Seguramente la mayoría de nosotros ya ha visto del video viral sobre los millennials y las particularidades de esta generación de jóvenes que tanto llaman nuestra atención. Si no lo viste el vídeo o crees que es exagerado, ¡Mirá!

    Estudios recientes demostraron que la gente mayor tiene mayores niveles de bienestar subjetivos que los jóvenes de esta generación ¿Por qué será esto? La respuesta es bastante compleja y controversial, pero según la investigación llevada a cabo por la Universidad de San Diego sobre 1546 personas entre 21 y 100 años, los ancianos (a pesar de los dolores propios de la edad y las dificultades vinculadas con el paso del tiempo) son más felices que los jóvenes y tienen una salud mental superior.

    ¿Cuáles son las causas de este tipo de resultados tan paradójicos? Lo primero que se menciona en el estudio es la presión del éxito. Concepto interesante para pensar, ¿verdad? Según el análisis de estos profesionales, los jóvenes no solo cargan con la presión de sus propios logros, sino también con la dificultad extra de ver triunfos ajenos. Ansiedad, depresión, estrés, son solo algunas de los trastornos que sufren estos jóvenes y que, por el contrario, poco se han encontrado en los ancianos.

    La sensación de desaprovechar las oportunidades, la paradójica carrera contra la sensación de tiempo infinito y el apuro con conseguirlo todo “ya”, son algunos de los motivos por los cuales esta generación de jóvenes millennials muestran bajos niveles de bienestar subjetivo. La idea frustrada de poderlo todo, confrontada con una realidad de pocas alternativas, la poca demanda a la gran oferta de profesionales, la inestabilidad de las relaciones, la falta de habilidades sociales, todo este combo de situaciones han puesto en jaque a una generación completa que sufre su día a día como uno esperaría que lo sufriera un anciano agobiado de los achaques que le ha producido el paso del tiempo.

    Tenemos que preparar mejor a los jóvenes para esta era de dificultades, para sortear los obstáculos que la vida inevitablemente va a ponerles. Nuestros ancianos ya han sobrevivo a guerras, hambre, sequías, crisis económicas y aun así, muchos de ellos, mantienen su alegría. Debemos aprender un poco de ellos y formar a nuestros jóvenes en aptitudes vinculadas menos con el éxito y la gloria y más con la resiliencia y tolerancia a la frustración.

    Aquí el video del que todo el mundo habla

  • ¡De soledad, de perdón o de vida yo quiero llegar a los cien años señor!

    ¡De soledad, de perdón o de vida yo quiero llegar a los cien años señor!

    ¿Cómo querés llegar a la vejez?  Más allá de llegar al centenario, ¿es posible envejecer y sentirse bien durante el proceso?

    No se cuántos de nosotros estamos en condiciones de vivir hasta alcanzar las tres cifras y hasta qué punto esto sería recomendable. Lo que sí nos interesa es la forma en la que vayamos a envejecer. No importa si vivimos hasta las 80, los 105 o los 60, la vida es extremadamente dinámica y tenemos dos certezas: vamos a morir y no sabemos cuándo. Por eso, es importante empezar desde tempranito a mejorar nuestra calidad de vida.

    Envejecer no tiene por qué significar malestar. Siempre el tiempo y sus achaques se harán notar, pero hay muchas cosas que podemos hacer para que nada de eso inhabilite nuestra acción y mucho menos nuestro bienestar.

    ¿Cuáles son las cosas que la ciencia nos recomienda para mejorar nuestro nivel de bienestar y para poder mantenerlo durante la vejez?

    Normalmente las personas longevas presentan características particulares tales como: una vida social activa, mente positiva, búsqueda constante de nuevos aprendizajes, trazado de metas a corto plazo, actividad física, dieta saludable, control del peso y de la salud en general, lectura regular, buen sueño y poca exposición al estrés.

    Todas estas indicaciones parecen de un cuento de hadas, ¿cómo es posible que con el tipo de vida que tengo pueda hacer todo eso? De a poco, no hay porque asustarse. Lo fundamental es ir teniendo todo esto en cuenta para poder convertir alguna de estas características en hábitos normales de nuestro día a día. Si tiene que elegir entre mirar una serie nueva que le recomendó un amigo, o salir con él a caminar, elija siempre la segunda. Si debe escoger unas vacaciones en un all-inclusive o visitar a un familiar en un país que le interesa, elija la segunda. Priorice siempre sus vínculos, porque serán ellos la clave para poder automatizar todas las demás actividades. Si tenes un grupo de amigos activo, será más fácil salir de tu casa.

    Un estudio que el Centro de Promoción del Adulto Mayor (CEPRAM) viene realizando entre los inscriptos a sus cursos y talleres, afirma que seguir aprendiendo junto a otras personas es fundamental para el bienestar físico y psicológico. Las casi siete mil personas que ya respondieron la encuesta a lo largo de cuatro años manifestaron que ser parte de un espacio educativo les ayudó a renovar los vínculos y el estado de ánimo, a recuperar las ilusiones y hasta a mejorar la salud.

    No es necesario envejecer rodeado de dolores, de una rutina hogareña agobiante y problemas de salud constante. Adquirí poco a poco alguno de los hábitos que mencionamos arriba y comenzá a disfrutar de tu día a día.

  • Nuevo medicamento de características peludas y risueñas

    Nuevo medicamento de características peludas y risueñas

    Nuevas investigaciones demuestran los beneficios de tener una mascota en casa. Quizás algún día los médicos prescriban adquisiciones de este tipo y las obras sociales las cubran…

    Todo el que ha tenido una mascota conoce y disfruta de los beneficios de su compañía. ¿Qué nos dicen las investigaciones al respecto? ¿Será cierto que son tan beneficiosas o es solo la subjetividad de sus dueños?

    En la vida de cada persona existe al menos una anécdota que incluye un animal. No importa si ha sido propio, de un primo, un amigo o de alguna visita a la granja. Los animales generan todo tipo de sensaciones en las personas; solo pensar en quienes pagan sumas gigantescas de dinero para ir de zafarí y ver a los animales en su hábitat natural, alcanza.

    Hace muchos años que los seres humanos hemos “domesticado” distintas especies de animales. El perro y el gato son los más corrientes, pero hoy conviven en nuestras casas todo tipo de aves, peces, roedores, entre otros ¿Cuáles son las consecuencias que tiene para nuestro bienestar vivir con estos seres vivos?

    Diversos estudios afirman que contar con la presencia de una mascota en casa tiene múltiples beneficios para la salud física y psíquica de las personas: aumenta la calidad de vida, fortalece el sistema inmunológico, previene infartos, disminuye los síntomas de la depresión y la ansiedad, entre otros.

    En relación a la salud física por ejemplo, un estudio realizado por la American Heart Association, demostró que tener mascotas en casa puede contribuir para evitar enfermedades cardiacas. Esto no significa que por tener un perro, casi como algo mágico, se es inmune a los infartos. Lo que el estudio muestra es que la rutina de pasear al perro hace que las personas caminen de manera diaria, una de las prescripciones más usuales para el cuidado cardiaco. Gracias a que lleva a cabo este ejercicio todos los días, la persona es menos propensa a sufrir enfermedades cardiovasculares.

    Estudios de Finlandia, por ejemplo, demostraron que los niños que han tenido más contacto con animales, gozan de un sistema inmune más fuerte especialmente en lo que respecta a enfermedades alérgicas o asma. La investigación más importante se desarrolló durante el lapso de un año, en el que se hizo un exhaustivo seguimiento de 397 recién nacidos. Se estudió como, a lo largo de un año, su sistema inmune respondía al contacto con los animales. El estudio mostró que los niños que más se relacionaron con sus animales, eran más saludables.

    En el aspecto psicológico, diversas investigaciones han puesto a prueba la vivencia subjetiva de los fanáticos de los animales sobre los beneficios emocionales que tienen las mascotas. El veredicto es que su compañía ayuda a disminuir las alteraciones psicológicas, reduce la sensación de soledad, estrés y ansiedad, contribuye en la lucha contra la depresión, entre otros. Lo que se ha demostrado en los últimos años, es que la interacción con los animales (jugar con ellas, pasear, acariciarlas, etc) permite que el cerebro produzca hormonas (oxitocina y serotonina) indispensables para la sensación de bienestar.

    Además de todos estos beneficios, diversas organizaciones han entrenado animales (normalmente perros) para asistir a las personas en su día a día. Son muchos los animales que acompañan a ciegos, paralíticos, autistas, niños con dificultades sociales, ancianos, entre otros, en sus actividades diarias.

    Si bien aún falta mucho por estudiar y existen algunas controversias en torno a estas temáticas, quizás en un futuro no muy lejano, nuestro médico nos prescriba adquirir un animal… ¿cuál será el plan que lo cubra?

  • ¿Casados? ¿Con o sin hijos?

    ¿Casados? ¿Con o sin hijos?

    Fin de las certezas familiares. Nuevos paradigmas y decisiones.

    Tradicionalmente consideramos que la familia promedio estaba compuesta por la pareja heterosexual de conyugues (casados) y sus hijos. Icónicamente, dos hijos, un niño y una niña casi en ese orden. Con el crecimiento de la población, el aumento de la expectativa de vida, el terreno ganado por las minorías y los nuevos valores de nuestra sociedad, esa institución incorruptible que era la familia ha tomado muchas formas distintas.

    El matrimonio igualitario, la adopción, la fertilización in-vitro, entre otros, son solo alguno de los hitos que han marcado nuestra era y que han puesto de manifiesto la necesidad de reformular la entidad FAMILIA desde una perspectiva, al menos, más flexible.

    Más allá de todos los cambios nombrados recién, existe en los nuevos jóvenes una sensación de infinitud que no tuvieron nuestros abuelos. Casarse a los veintitantos ya no es una opción para la mayoría de los miembros de esta generación, mucho menos tener hijos. Hoy en día las parejas que deciden emprender el complejo camino de la paternidad, lo hacen pasados los 30 o cuando consideran que poseen la situación económica y laboral adecuada.

    Según estudios, los nacimientos han caído en picada. Según el último estudio de UNICEF todos los pertenecientes han bajado sus niveles de natalidad en comparación a los últimos 20 años. Aquí parte de la tabla.

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    Tabla completa en https://www.unicef.org/spanish/publications/files/UNICEF_SOWC_2016_Spanish.pdf

    Aunque aún existe en la mayoría de las personas el anhelo de tener un hijo, son cada vez más las parejas que deciden no tenerlos. Estás últimas sufren del rechazo y la desaprobación de una sociedad que aún considera que los hijos deben dar nietos a sus padres. Es que aún en estos años que corren, la mayoría de los padres anhelan tener las mesas largas y concurridas que ellos mismos experimentaron en su niñez, repleta de nietos, esposos e hijos.

    Diversos estudios sostienen que, en promedio, las personas casadas son más felices que las divorciadas, las separadas o las solteras. Ahora bien, las menos felices son las que están atrapadas en un matrimonio con un alto nivel de conflictividad. No podemos decir que existe evidencia concluyente que muestre que la correlación entre la situación matrimonial y la felicidad es unidireccional o recíproca, aunque aparezcan claramente vinculadas.

    Esta relación entre estado civil y felicidad se encontró en estudios realizados en cuarenta países distribuidos por todo el mundo, independientemente del índice de divorcios o de los efectos de vivir en una cultura individualista.

    Del mismo modo, algunos resultados indican que los incrementos en los niveles de felicidad reportados unos dos años después de contraer matrimonio regresan con el tiempo al valor de referencia inicial, estimado unos dos años antes del casamiento.

    ¿Qué pasa con los hijos? Según diversos estudios, no parece haber una fuerte correlación entre tener o no hijos, ni entre la cantidad de hijos que se tuvieron y el bienestar emocional. Normalmente el foco esta puesto en el deseo o la expectativa personal con respecto a la maternidad o paternidad que en tener o no hijos. La sociedad ejerce una fuerte presión en este sentido, y entornos más relajados suelen proporcionarles bienestar a quienes han elegido no ser padres.

    Tal y como venimos diciendo en las otras entradas, es importante poner el foco en el nuestro bienestar. Conversar con nuestra pareja sobre cómo pensarse en el futuro y ponerse de acuerdo sobre sus deseos y necesidades puede ayudar a que juntos resuelvan lo que sea mejor para ambos. Es importante que cada pareja piense por sí misma y no por las cargas que otros pongan sobre ellos.