¿En qué estoy poniendo mis energías? ¿Voy a llegar a ser feliz alguna vez? ¿Quién será más feliz, Bill Gates o Ravi Shankar?

No es el dinero que ganamos sino la forma en que lo usamos lo que marcará la diferencia.

Imaginate que ganas la lotería. Dejando de lado los momentos iniciales de euforía y estupor emocional, tomate unos minutos para pensar: ¿qué harías con ese dinero?

Seguramente estés pensando (al igual que yo) en cambiar el auto, la casa, comprarte ese televisor de un millón de pulgadas ultra moderno con masajeador de pies, conseguir un robot que haga todo lo que vos no querés hacer, entre otros. Ahora bien, detrás de todo esto (suponiendo que no eras millonario), está la ilusa esperanza de conseguir mayor bienestar.

Tengo una mala noticia para quienes creyeron que con el robot se les solucionaría la vida: los estudios señalan que luego de algún tiempo, volverás a ser el mismo de antes. Si cambias tu autito viejo, ávido de anécdotas y recuerdos, por un Mercedes impresionante con olor a nuevo, al cabo de unos meses la efervescencia que sentías al subirte a él desaparecerá. Y esto no es todo: si el gasto que implica pagarlo y mantenerlo te impide llevar a cabo otras actividades, como tomarte unas cervezas con amigos después del trabajo o viajar con tu familia, el nivel de bienestar que experimentes será aún menor.

La realidad es que se consigue más felicidad usando el dinero en experiencias que en cosas materiales. Por ejemplo, preparar una comida exótica con alguien querido, ir a ver a tu banda preferida o conocer el país de donde vienen tus abuelos, dará mejores resultados a tu bienestar porque son experiencias que se conectan con un sentido más profundo. Estas actividades tienen, además un bonus track: suelen acercarnos a otras personas. Con un cine de lujo en tu propia casa, no necesitas de la compañía de alguien más o al menos podrías prescindir de ella y disfrutar de lo que la tele tiene para ofrecer. Las experiencias a las que hacemos alusión, normalmente potencian sus beneficios cuando son vividas con otros. Un viaje con amigos, un partido de futbol con tu hijo, un concierto de la banda preferida de tu adolescencia junto con tus hermanos, son experiencias que nos acercan a nuestros seres queridos y nos vinculan de manera diferente.

Pero esto no es todo: en 2006, la revista Science publicó el artículo “Would you be happier if you were richer? A focusing illusion” (¿Serías más feliz si fueses más rico? Una ilusión de enfoque), en el que Daniel Kahneman, psicólogo y ganador del Premio Nobel de Economía en 2002, explicaba los resultados de un estudio para comprobar la relación entre el dinero y la felicidad. Consultaron a mil setecientas personas con diferentes niveles de ingresos, quienes, en su mayoría, respondieron que ganar más contribuye a un mayor bienestar. Sin embargo, los investigadores encontraron que aquellos que percibían ingresos más altos no necesariamente vivían mejor. Esto no significa que Bill Gates no sea feliz, sino que luego de un número determinado de ingresos anuales la sensación de bienestar no se ve modificada significativamente. Obviamente si mis ingresos son bajos y me cuesta cubrir las necesidades básicas (comida, vivienda, salud), un aumento de dinero implicará mayor bienestar ya que me dará acceso a cosas fundamentales. Ahora bien, con dichas necesidades satisfechas y con la posibilidad de algún que otro “gusto” los niveles de bienestar entre “muchos gustos” y “algunos gustos” no son muy significativas. Esto significa que si queremos ser felices, debemos intentar ganar el dinero necesario para poder solventar nuestras necesidades básicas y para poder disfrutar de las actividades que nos hacen felices, que si prestamos atención, en su mayoría no implican costos demasiado altos. Una tarde en familia, un partido de futbol, un almuerzo con amigas, una cita romántica al cine, seguramente impacten más en tu bienestar que el robot ultra eficiente del que hablábamos antes.

La realidad es que no sabemos quién es más feliz, pero si Bill Gates lee este artículo seguro será dificil superarlo.