Conocemos todo lo positivo de hacer ejercicio, pero nadie nos dice cómo superar el mal momento inicial de agotamiento o de desmotivación. Muchas veces estamos entusiasmados por empezar un nuevo deporte y a las pocas semanas dejamos nuestras zapatillas nuevas en el fondo del placard. Algunos estudios están comenzando a trabajar en este problema y nos dan algunas soluciones.

En este nuevo contexto fitness y de vida sana que está inundando nuestra vida actual pareciera que no llevar a cabo estas actividades es quedar afuera de todo un universo de opciones. Comidas saludables, jugos, dietas, rutinas físicas, parejas que salen a correr juntas, grupos de patinaje callejero, entre otros, son algunos de los nuevos hábitos que pisan fuerte.

Si bien muchas personas los han incorporado con aparente facilidad, no somos pocos los que aún tenemos dificultades para sumergirnos en el mundo activo y abandonar el cómodo sedentarismo que paradójicamente convive con la era fitness. Tener que cambiarse, ponerse las zapatillas, ordenar el día para poder dejar ese hueco libre, son solo las primeras “molestias” que debemos tomarnos para comenzar la actividad. Si milagrosamente alcanzamos la difícil meta de cruzar la puerta, queda lo peor: aguantar. Falta de oxígeno, agotamiento físico y mental, repetirse una y mil veces “por qué estoy haciendo esto?”, son experiencias conocidas por todos los que alguna vez emprendimos la difícil terea de comenzar el hábito de correr.

¿Cómo la ciencia aporta ideas para motivarte a hacer actividad física?

Claro que hay formas de iniciar. De a poco, a determinados horarios, paulatinamente, etc. tratando siempre de que la actividad no sea un calvario ni nos lleve a posibles lesiones. La realidad es que lograr un hábito de esta índole es muy positivo para nuestro bienestar y nuestra salud, pero es muy difícil pasar los primeros momentos donde los resultados tardan en llegar y el cansancio dificulta cualquier pensamiento coherente.

Por estos motivos, distintas entidades han investigado cómo diversos factores facilitan la “supervivencia” de estos primeros acercamientos al ejercicio. Conocemos mucho sobre los beneficios de tener lugares cercanos en los que practicar la actividad, sobre la ayuda que brinda ir con otros, pero hace un tiempo otra variable se ha puesto en acción: la música.

Según un estudio de la Universidad de McMaster de Canadá, cualquier actividad física que implique gran dificultad (ya sea porque estamos iniciando la actividad o porque una vez entrenados nos exigimos cada vez más), se vuelve mucho más llevadera cuando es acompañada por música. Las canciones que escuchamos contribuyen a la liberación de endorfinas, haciendo que el esfuerzo físico intenso que estamos tratando de llevar a cabo sea más agradable. Cuando las canciones que escuchamos son nuestras preferidas, existe una mayor probabilidad de disfrutar la sesión deportiva y aumenta la posibilidad de querer repetirla.

Así que si estás pensando en empezar una rutina deportiva o queres darle más intensidad a tu actividad, además de atar tus zapatillas pone muy fuerte tus canciones preferidas y ¡disfruta el paseo!